Dedicado a Marina Kogan (1982-2011): te recuerdo con cariño, respeto, admiración y, sobre todo, un eterno agradecimiento.

viernes, 25 de junio de 2010

No sabe por qué pero recuerda perfecto la sensación de libertad y felicidad que sintió ese día, caminando por la Markstätte, en Konstanz. Quizás estuviera yendo a la perfumería a la que iba siempre a pasar horas oliendo y probándose perfumes, o tal vez, a esos puestitos de Todo Por Un Euro.
Lo que nunca podrá borrar de su mente es esa caminata, por la calle principal. Ese día que dejó de sentirse subordinada a las decisiones de su compañera de intercambio, la tirana Leonie, y salió por su cuenta tras lo que, con el tiempo, se definiría como su primer pelea.
La Markstätte era majestuosa, pocas veces en su vida había visto algo así. Hoy, piensa que poco tenían que ver los dieciséis años que tenía en ese entonces; sabe que si viajara de nuevo, la sensación de asombro frente a la majestuosa peatonal sería la misma. Era una calle anchísima y de adoquines grises. Eran ásperos. Nunca los tocó pero su memoria jura que así eran.
El viento, seco y helado, le rozaba la cara como finas navajitas que le producían un leve dolor, a medida que avanzaba a paso agigantado. Capaz sus pasos no fueran tan grandes como los recordaba, pero se sentía enorme, expansiva, independiente. Por fin se encontraba cómoda. Quería reír, llorar, correr y gritar. La mezcla de sensaciones dentro suyo era una combinación explosiva.
Pronto se dio cuenta de que lo que le molestaba y no la hacía sentir plena, no era el país o el famoso “heilweh” (algo así como “el extrañar” a su familia, amigos y país), sino su “hermana alemana”. Hasta el término “hermana alemana” la incomodaba.
Para el momento en el que terminaba de cerrar esta idea, vio el cartel de Meyer. Había llegado a la farmacia. Su jornada de tiempo a solas consigo misma estaba por comenzar. Ésos eran sus momentos de plenitud. Pequeños y vacíos pero suyos.

sábado, 5 de junio de 2010

Hoy quiero improvisar. Escribir en base a la nada y al todo mismo. Hablar de aire, la escencia, el calor.
Mi conversación con Jorge fue interesante y amena, descubrí que es un tipo loco, osado y profundo a la vez y que Manuel, con sus dieciocho años, tira frases y pensamientos conmovedores y sorpresivos a borbotones, que me hacen ver que no importa a qué colegio fuiste, qué aprendiste ni cuándo, sino cómo lo hiciste. En definitiva el cómo es la mágica herramienta.
Al despedir a Jorge me llama la atención lo mutante, los cambios. Quiero saber por qué la gente saludaba con MUAK en 1999 y con BESOTE en 2010 y descubrir por qué tanta gente ve showmatch los jueves a las veintidós.
Todo concluye en  una conversación en la que Manuel me dice que creamos a cada segundo.